30 mayo 2010

Campo

Llegar en el bus una noche de invierno, sentir el frío que traspasa la ropa, y llega al cuerpo, lo sientes en la piel y en los huesos, ese frío que te quema, que ten congela. Ese frío que se da por completo a su estación, lo entrega todo con la intención de encender en cada uno la llama interior....
El viento te golpea la cara y sigue su camino, camino que arrastra las hojas cansadas de los sabios árboles que siguen en pies tras años de experiencia. el viento habla al cielo y sólo se escucha el eco de su voz inmensa y potente, siguiéndote en cada paso. Las ramas cantan su tonada de estación, felices de entrar en la época que más tarde dejará vida, pero que por el momento se dejan llevar por el aire, bailan al son de él confiando en su camino, sólo se dejan sentir.
Las nubes bajan a conversar con la tierra dejando todo de color gris, pero que permite distinguir entre el verde del pasto y el azul profundo del cielo, se adueña de nosotros al punto que sale con nuestra voz, se toma nuestro cuerpo presentándose en nuestras palabras, nuestros pensamientos, queriendo ser parte de nuestra vida, nuestros momentos.
Es ese olor a invierno que sopla y nos susurra al oído que ya llegó, que es único y que viene para unir a la gente con abrazos y acurrucos. Un olor que lo hace especial y distinto a los demás lugares, porque se deja sentir, porque penetra en el cuerpo formando parte de la respiración cobijándose en el interior de nosotros para enseñarnos que el frío es para unir y disfrutar de cada momento, nos motiva a estar con las personas queridas para vivir las más lindas experiencias, las risas más sinceras y dar abrazos de esos que se siente el corazón del otro, llenando de calor la situación.
El invierno en el campo es sinónimo de unión y protección, salir en este tiempo es para disfrutar con aquellos que queremos, no por compromiso, sino por amor.